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Tú para mí…”Eres muy importante!”

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Tú para mí…”Eres muy importante!”

12 julio, 2019 | Construye | blog

Una profesora universitaria inicio un nuevo proyecto entre sus alumnos. A cada uno les dio cuatro moños de color azul, todos con la leyenda: eres importante para mí”; les pidió que se pusieran uno y les dijo:

-Es lo que yo pienso de ustedes.

Luego les explicó de que se trataba el experimento: tenía que darle un moño a alguna persona que fuera importante para ellos, explicándoles el motivo y dándole los otros moños para que ellos hicieran lo mismo. El resultado esperando era ver cuánto podía influir en las personas ese pequeño detalle.

Todos salieron platicando sobre a quién daría sus moños; pero entre aquellos estudiantes, había uno que estaba lejos de casa y aunque lo deseara, no podía darle ese moño a sus padres o hermanos, hasta que encontró la respuesta: dárselo a un amigo que lo había orientado para elegir su carrera y muchas veces lo asesoraba cuando las cosas no iban tan bien como él esperaba. ¡Ésa era la solución! Saliendo de clases, se dirigió al edificio donde trabajaba su amigo, y le explicó el propósito de su visita; le entrego tres moños, le pidió que se pusiera uno y le dijo:

-Al estar lejos de casa, tú eres el más indicado para portarlo.

El joven se sintió halagado, pues no recibía ese tipo de reconocimientos muy a menudo, y prometió a su amigo que seguiría con el experimento y le informaría de los resultados. Otro día, casi a la hora de la salida se le ocurrió la arriesgada idea de entregarle los moños restantes a su jefe. El jefe era una persona huraña y siempre muy atareada. Cuando consiguió verlo, éste sólo gruño:
¿Qué desea? El joven ejecutivo le explicó tímidamente el propósito de su visita y le mostró los dos moños.

El jefe, asombrado, le preguntó: -¿Por qué cree usted que soy el más indicado para tener ese moño?

Y el joven le respondió que lo admiraba por su capacidad y entusiasmo en los negocios, además que había aprendido mucho de él y estaba orgulloso de estar bajo su mando. El jefe, acostumbrado a estar en la oficina hasta altas horas, esa vez se fue temprano a casa. En la solapa llevaba uno de los moños y el otro guardó en el bolsillo de su camisa.

Su esposa se extrañó de verlo tan temprano y pensó que algo le había pasado. Cuando le preguntó, él respondió que no pasaba nada, que ese día quería estar con su familia. Ella se extrañó, pues su esposo acostumbraba llegar de malhumor.

El preguntó:  ¿Dónde está nuestro hijo?

Y la esposa lo llamó; estaba en el piso superior de la casa. Cuando bajó, el padre sólo le dijo: ¡Acompáñame! Ante la mirada extrañada de la mujer, ambos salieron de la casa y se sentaron en el porche. El padre miró a su hijo y le empezó a decir que sabía que no era un buen padre, que muchas veces se perdió de momentos que sabía eran importantes, que había decidido cambiar y pasar más tiempo con ellos. También le mencionó lo de los moños y le dijo que lo había pensado mucho y quería darle un último moño, ya que el día que nació fue el más feliz de su vida y estaba orgulloso de él. Todo esto mientras le prendía el moño que decía: “eres importante para mí ”.

El hijo, con lágrimas en los ojos, le dijo: “Papá, no sé qué decir… mañana pensaba suicidarme, porque pensé que no le importaba. Te quiero papá, perdóname…”

Ambos lloraron y se abrazaron. El experimento de la profesora dio resultado, había logrado cambiar no una, sino muchas vidas, con solo expresar lo que sentía. Ése es el poder de uno: expresar lo que sientes y darle valor a los detalles de la gente que te ama.
Por esto, tú para mi…”Eres muy importante!”.

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